Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Así comenzaba el gran Antonio Machado su sentido y particular homenaje a su amigo Federico García Lorca. De un poeta a otro. Quizá, por qué no, el gesto más elegante y distinguido que el granadino hubiese deseado.
Han pasado 75 años desde aquella fatídica mañana del 18 de agosto de 1936 y el misterio continúa sin tener una respuesta clara; con muchos cabos sueltos que el tiempo parece que no puede o no quiere enlazar. ¿Cómo sucedieron los hechos? ¿Es cierto todo lo que se ha contado? Y en ese caso… ¿Dónde están los restos del poeta?
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
¿Qué pensó García Lorca frente a la guadaña que tantas y tantas veces había descrito en sus poemas? Tal vez pensó en Federico y en Vicenta, sus padres; quizá... En algún momento concreto de la Residencia de Estudiantes; en Dalí, Cernuda, Aleixandre… O, simplemente, en todo y en nada bajo el eterno disfraz de la poesía y del teatro; su amor con mayúsculas. El mismo que le había impulsado años atrás a visitar los pueblos y lugares más recónditos para ofrecer cultura a los más pobres y rendir tributo a los clásicos del Siglo de Oro. A Lope y Tirso… A Calderón. Y allí, altivo, frente al pelotón de fusilamiento, sintiendo la brisa fría del despertar sobre la piel y el alma… Cae el hombre y renace Lorca.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
Resulta curioso. Después de 75 años de búsqueda, las investigaciones se estacan y los testimonios se contradicen. Algunos aseguran que su cuerpo todavía reposa en alguna fosa extraña entre Víznar y Alfacar, en Granada; otros, más confabuladores, señalan directamente a la familia Lorca como poseedora de los restos desde casi el mismo instante de su muerte. Lo que no hay duda es que setenta y cinco años después se sigue hablando de un hombre. ¿Qué fue, en cambio, de los hombrecillos que firmaron su muerte? Nada. Ni siquiera el olvido puede acordarse de ellos. A nosotros, sin embargo, nos queda La casa de Bernarda Alba, Yerma, su Romancero gitano… Nos queda, en definitiva Federico. Ahora, y para siempre... ¡Gracias!
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
Nota: LQE se reserva un programa para ahondar en los misterios del poeta granadino. Intentaremos ofrecer toda la información, y sobre todo, hacer un pequeño homenaje a este gran hombre que dio a todo un país y al mundo lo mejor que tenía: su poesía.