2/2/12

El niño que miraba a las estrellas

Un niño que mira a las estrellas, al cielo, al firmamento, intentando descifrar lo desconocido.
Había una vez, no muy lejos de ninguna parte, un niño que miraba noche tras noche a las estrellas. Era un acto casi instintivo. Arcaico. Después de la cena, justo cuando las manecillas del reloj rozaban la medianoche, salía al pequeño balcón de su casa y se pasaba largo rato mirando hacia arriba, contemplando el firmamento; tal vez intentando descifrar lo que un día se perdió en la noche de los tiempos y que él, por supuesto, desconocía.
Las tardes con sus amigos en el parque también eran muy especiales. La escena hoy resultaría extraña, en un mundo dominado por la tecnología donde hasta en los lugares más apartados, los niños se encierran en sus casas sin compartir las emociones de antaño.
Y allí estaban Luis Miguel, Juan, David, María… todos juntos sentados en círculo mirando hacia el infinito; y él, tal Quijote enamorado a lomos del mágico Clavileño, señalaba con el dedo índice aquí y allá sobre sus cabezas mientras decía: allí están, estoy seguro. ¿Cómo no van a existir? Si el cielo es tan grande…
Había escuchado historias. De vez en cuando algunas personas salían en la televisión hablando de experiencias extrañas en alguna carretera, en mitad de un campo… Al niño que miraba a las estrellas le producían atención, pues el tema le gustaba, aunque la mayoría de las veces no las creía. Le sorprendía ver como aquellas personas se mofaban en el fondo de algo que él consideraba distinto y maravilloso.
Sin comprenderlo, sin haberlo estudiado en ningún libro siquiera, él creía que allá arriba estaba el origen de todo, que no podía ser casualidad que en aquel momento, en ese balcón dibujado con ingenio en mitad de la nada, millones de cuerpos celestes le estuviesen contemplando en la distancia mientras él, con su pequeño corazón, latido tras latido, les devolvía absorto la mirada a través del tiempo y de la historia.
El niño que miraba a las estrellas fue creciendo y, a pesar de que su altura y su voz fueron cambiando, su pensamiento no experimentó cambio alguno. Seguía creyendo en la magia de un instante, en situaciones inexplicables que no pueden ser entendidas desde un punto de vista racional… solo que ahora apenas tenía tiempo de salir al balcón y visitar a sus amigas las estrellas. La vida cambiaba y él, de alguna manera, también lo había hecho.
Una noche, después de tantos años, volvió a salir. Ya casi no recordaba que algún día lo hubiese hecho. El frío del invierno lo dominaba todo y difícilmente se podía estar ahí afuera unos cuantos segundos sin sentir un profundo escalofrío. El niño convertido en adulto avanzó unos pasos, se apoyó en la barandilla del balcón y cerró los ojos… Allí estaban, estaba seguro. ¿Cómo no iban a existir? Si el cielo era tan grande…
Lo que sintió en aquél instante jamás podrá borrarse de lo más profundo de su memoria.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

NO HAY PALABRAS PARA DESCRIBIR ESTE RELATO,SINCERAMENTE ES PRECIOSO,ME HE SENTIDO TOTALMENTE IDENTIFICADA PUES YO COMO EL PROTAGONISTA HAGO LO MISMO CADA NOCHE,ENHORABUENA AL AUTOR.

AG Mac dijo...

hermoso !! , porque ademas esta narrado de una forma excelente , yo escribi algo al respecto tambien y me gustaria compartirlo contigo , es mas estilo poetico
http://elritmoencantado.blogspot.com.ar/2012/03/free-loock.html